Conócete a ti mismo y conocerás los secretos del universo y los dioses

 

16 de febrero de 2013

El robot humano

Blade runner, de profesión asesino de androides que conociendo su condición luchaban por su libertad, en su labor tal vez sospechaba que ellos valoraban la vida mas que el y que la frontera de su humanidad y libertad era tan difusa como incierta.

Cuando conducimos solo tenemos que introducir el punto de destino y distraer la mente mientras el piloto automático del cerebro decide la marcha o cuando frenar, porque si lo hiciésemos conscientemente seguramente nos estrellaríamos antes de decidir pisar el freno. El cerebro automático o inconsciente es una extraordinaria maquina que nos facilita la vida y puede desarrollarla en completa ausencia de la consciencia. A medida que aprendemos y el cerebro se automatiza, lo que antes era un difícil problema se convierte en rutina, los días se repiten y el tiempo se acorta hasta que imperceptiblemente nos convertimos en robots inconscientes que piensan, sienten, se enamoran y trabajan consumiendo una vida de menguante conciencia sin apenas razonamiento. Nos convertimos en rutinarias y predecibles maquinas que día a día repiten una programación, "su equipo de fútbol", "sus ideas", "su moral"..... , el cerebro sabe que depende de la adaptación y tras completar el condicionamiento por repetición o educación, según lo bien adaptados que estemos nos convertiremos en fieles protectores que garantizarán la perpetuación del sistema al que pertenecemos. Y mientras nada altere gravemente la rutina, el cerebro automático se encargara de ocultarnos cualquier incongruencia, haciendo desagradable lo extraño, inseguro el cambio e imposibles la creatividad y el razonamiento independiente, hasta convertirnos en humanoides especialistas, dóciles y apenas conscientes esclavos del sistema que no desean vivir nada nuevo y cuyos recuerdos se limitan a las primeras experiencias y una débil caché.

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