Conócete a ti mismo y conocerás los secretos del universo y los dioses

 

24 de diciembre de 2007

16 - El mito de los ciclos

¿Qué es un ciclo económico?

Quisiera saber donde se estudia la ciencia de los ciclos o si los que recurren a ellos saben realmente de lo que hablan, se limitan a repetir o es un recurso que siempre les ha funcionado cuando las cosas no marchan como nos prometieron. Porque deberían ser estudiados si de verdad estos ciclos son tan poderosos como para regir nuestros destinos, quizás sean muy difíciles de explicar pero muy fáciles de utilizar para lucrarse y no dar explicaciones, son ciclos y pasan por que tienen que ocurrir.
Para mi el único ciclo que se repite en la historia del hombre es el de la estupidez humana, el de tropezar y levantarnos doloridos con gran esfuerzo jurando que no volveremos a caer, para que cuando se nos pase el dolor rendirnos al sueño y la ilusión, caminando sin mirar hacia la misma piedra que nos vio caer.
Si no somos capaces de aprender de las generaciones pasadas no podremos sobrevivir como especie por mucho tiempo en este planeta que nos dio la vida y del que nos atiborramos en un frenesí devorador del que pagaremos las consecuencias.

Quizás, sufrido pagador de hipotecas te sirva de consuelo creer en el ciclo, te da esperanzas de que en un futuro tus penalidades acabaran y podrás volver al frenesí, deseas creer en la seguridad ficticia de la sociedad, de otra forma no podrías seguir durmiendo en tu sueño, viviendo de ilusión, al fin y al cavo es la única felicidad que te dejan o te han enseñado. El que acuño la frase “vivir el sueño americano “, lo decía literalmente.
Si estas herido o estas cerca de caer es hora de que despiertes, olvida lo que te dijeron o las incomprensibles frases hechas sobre una economía que solo ellos pueden dominar pero que estudian en solo dos tardes, el único motor de la economía eres tu comprando lo que ellos quieren y endeudándote hasta donde puedas o te dejen. Todo el dinero que sustentaba el pretendido bum económico, UNICAMENTE SALIA DE TU HIPOTECA, no esperes que los que te dijeron que cavases tu zanja o los que dejaron que aumentase te saquen de ella, se sentaran a esperar fuera de la zanja, enriqueciéndose con el patrimonio acumulado y de los que no consigan salir, y mientras seguirán alimentando tu ilusión con la letanía del ciclo económico que a fuerza de repetir se instaurara como un dogma que quizás te consuele y repitas como un muñeco a tus compañeros de zanja.

En enero se supo la primera conclusión del “comité de sabios” que preside Felipe González, “Europa depende en demasía de productos del exterior”, unos días después Barroso (ese presidente tuyo al que no votaste) anuncia, “el futuro de Europa pasa por producir” y reitero “si debemos producir “. Son demasiado eficientes ya que según dijeron las conclusiones de este comité deberían emitirse en 2010 y hacerse efectivas en 2020-2030, pero todo esto es una apresurada farsa para ocultar la realidad, no a ti que no te interesan estos temas, sino a todos los políticos de 2ª o 3ª fila que aun no saben lo que era evidente, que el cuento de la sociedad post-industrial se desmoronaba, necesitaban esta farsa para ocultarles que sus inteligentísimos conductores de la economía han equivocado el rumbo y han esperado al ultimo momento para dar un volantazo, cuando ya nada nos salve de la crisis, siempre tendrán la excusa de que la crisis es global y ellos que todo lo pueden y lo preveén son ajenos a ella.
Pero las malas noticias nunca vienen solas esa misma semana se conoció el informe de Ginebra (el plan de trabajo de tus amos previo a su reunión anual en Davos), que confirmaba lo que nos anticipaba el FMI en otoño, que se te acabaron las vacas gordas y es hora de recoger, a continuación como sabes vino el lunes negro, pero créeme el pánico no es la fuente de tus males, los vaivenes de la bolsa solo representan los movimientos de las clases altas recogiendo lo que puedan salvar y conservando lo que de verdad merece la pena, que es lo que deberías hacer tu si aun puedes escapar de la zanja.

¿Por que te cuento estas historias?, tu solo quieres ser feliz y no te interesan estos temas, será que soy un alarmista de esos sobre los que te previenen, nuestra economía es fuerte, los males son cosa de otros, de los Chinos o Americanos, y tus penurias solo son debidas al “cambio climático”, ellos solamente desean mejorar tu vida, quizás tu sueño es placentero, aún no se ha convertido en pesadilla. Sigue soñando al fin y al cavo la vida es un ciclo, naces, creces durmiendo, disfrutas lo que puedas soñando y mueres.

Epicuro



DESLICES DEL CAPITALISMO

Reina la opacidad. No se sabe quién está contagiado por la enfermedad. El estimulante eslogan de: “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas” empieza a cobrar fuerza.

La falta de información sobre el verdadero impacto de la crisis de las hipotecas de alto riesgo en los bancos está detrás de los recientes vaivenes en la bolsa. Lo más preocupante es que cinco meses después de haberse manifestado la crisis, aún no sabemos sus consecuencias reales, lo que hace muy difícil poder trazar pronósticos. A principios del año 2008 reina la opacidad. No se sabe quién está contagiado por la enfermedad. Los paquetes de títulos y obligaciones de deuda parecen haber contaminado a buena parte del sistema crediticio. Lo que sí queda más claro es que la crisis que estalló con el endeudamiento de las hipotecas no es una crisis coyuntural de liquidez, como se nos insiste desde las autoridades económicas, sino una crisis estructural del sistema financiero de dimensiones desconocidas. De ahí que las repetidas iniciativas de los bancos centrales consistentes en alimentar el casino financiero lanzando ingentes cantidades de dinero a los mercados no consiga restablecer la confianza necesaria.

Cuando el lunes 21 de enero de 2008 las bolsas de valores cayeron con estrépito, los primeros aná­lisis atribuyeron el crash al páni­co desatado entre los inversores por los temores a que en EE.UU. se vaya a iniciar una recesión profunda y duradera. Pero esto no es del todo cierto. La chispa que provocó al páni­co desatado entre los inversores por los temores a que en EE.UU. se vaya a iniciar una recesión profunda y duradera. Pero esto no es del todo cierto. La chispa que provocó el crash bursátil fue el anuncio, cuarenta y ocho horas antes, de que la agencia de calificación del ries­go Fitch había rebajado la solvencia a Ambac Assurance, una de las principales compañías asegura­doras de bonos de EE.UU. En el momento actual, una fuerte caída de la economía norteamericana es algo que se da por descontado. La discusión sobre si EE.UU. está en recesión (dos trimestres seguidos de decrecimiento económico) o en una des­aceleración profunda (un crecimiento del PIB menor al 1%) es, para los inversores, una polémica académica y bastante esté­ril. Lo que les importa es que se determine con rapidez si después de los casos conocidos de entidades contaminadas por las “hipotecas locas” van a aparecer más, o si la crisis se va a extender a otra tipología de empresas financieras no necesariamente bancarias. Si la crisis financiera se trasladase desde los grandes bancos norteamericanos (Citigroup, Merrill Lynch, JP Morgan y Bank of Ame­rica ce­rraron el cuarto trimestre de 2007 con las mayores pérdidas de su his­toria: 27.343 millones de euros) a otro sector tan considerable como el de las asegurado­ras de bonos, significaría que la metástasis ha avanzado. A partir de ese momento sería lógico preguntarse cuánto tiempo tardará en aparecer un “hedge fund” (fondo de alto riesgo) contaminado también por el mismo problema.

Al aparecer los primeros casos de entidades financieras contami­nadas, a finales del pasado mes de julio, se dijo que la fecha opor­tuna para sanear el mercado sería en el momento de ha­cer públicas las cuentas parcia­les de los bancos, o sea el último trimestre de 2007. Entonces se distinguirían las buenas prácti­cas de las nocivas, los bancos con dinámicas ortodoxas de aquellos que habían prestado dinero sin pedir las necesarias garan­tías con las que cubrir los crédi­tos fallidos. Vencida la opacidad y triunfante la transparencia, el sistema financiero recuperaría la confianza y los bancos sanos volverían a prestar dinero a los bancos sanos. No ocurrió así. En estas semanas se están publican­do las cuentas bancarias corres­pondientes a todo el año 2007 y hay muchas entidades interna­cionales que anuncian unos re­sultados muy inferiores a los pre­vistos, atribuibles a la crisis en cuestión. Pero los mercados no se los creen y opinan, con su tremenda desconfianza, que ha­brán de aparecer nuevos núme­ros rojos. Por tanto, el saneamiento de la crisis se ha pospuesto a partir del cuarto mes del año, cuando debería conocerse la dimen­sión de los agujeros, el verdade­ro valor de las titulaciones y las repercusiones de la posible quiebra de estos ve­hículos financieros en los balan­ces de los bancos. Entonces se producirá la discriminación y los bancos comenzarán a pres­tarse unos a otros. Pero nadie tiene la seguridad de que vaya a ser así o si se necesitará un nue­vo plazo para acabar con la opa­cidad.

Mientras tanto, el mercado se mostrará inevitablemente hipersensible a cualquier dato negativo que pueda generar una estampida de inversores. Además, hoy es imposible obtener finan­ciación a tres, dos o siquiera a un año. Si no hay confianza en el crédito interbancario, el sistema financiero tiende a la parálisis. Cuando un banco suministra crédito a otro, le exige garantías. En tiempos normales, esas garantías suelen basarse en la mutua confianza. En los momentos actuales de crisis no. Las inversiones relacionadas con el negocio de las hipotecas que los bancos efectuaron antaño, sabemos a día de hoy, que están, en buena parte, constituidas por paquetes contaminados cuyo valor se ha desvanecido de la noche a la mañana. La desconfianza entre los bancos se ha manifestado en una pujante tasa de interés interbancaria para protegerse del alto riesgo. Sin embargo, estos altos intereses bloquean la propia actividad financiera y es así que nos hallamos inmersos en una grave crisis financiera internacional.

Como receta para acabar con la crisis, los bancos centrales apostaron, en primer lugar, por abrir nuevas líneas de crédito, a fin de reactivar el préstamo interbancario. Durante meses, los bancos nacionales han lanzado dinero a los mercados, es decir, al sistema bancario y financiero privado, en la esperanza de que, nutriendo el flujo financiero internacional las sociedades privadas recuperarían la comba de la acumulación de réditos y plusvalías a través del endeudamiento. Pero esta medida no ha aportado ninguna solución del problema y sólo ha logrado premiar el comportamiento opaco o especulativo. Más recientemente la Reserva Federal Estadounidense ha decidido rebajar los tipos de interés, lo cual abaratará el precio del dinero y debería estimular los préstamos. El precio a pagar por esta maniobra puede ser el desboque de la inflación en un momento en el que alcanza nive­les récord (4,3% en 2007). Por su parte, el Banco Central Europeo se resiste a efectuar todavía un recorte del tipo de interés para la zona euro que cabalga en una tasa de infla­ción del 3,1%, la mayor en seis años.

En todas estas maniobras, los bancos centrales se han visto respaldados por los gobiernos, que insisten vehementemente en que los "fundamentos de la economía son robustos". Esa connivencia entre instituciones "independientes", las económicas y las políticas, a la hora de tranquilizar al público y salvaguardar los intereses de determinados particulares deriva de la consabida, aun si nunca explicitada, contradicción fundamental en el funcionamiento del capitalismo. El estimulante eslogan de: “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas”, en situaciones como la actual se hace más visible que nunca. A los dos días de producirse el crash del 21 de enero, las auto­ridades reguladoras del sector del seguro del Estado de Nueva York anunciaron una negocia­ción con la banca de un plan de apoyo financiero. Ante la posibilidad de la quiebra de un fondo de alto riesgo, el Long Term Capi­tal Management (LTCM), la muy liberal Reserva Federal se olvidó de sus principios de no intervención y lideró un paquete de ayudas al fondo en el que participaron los más importantes bancos de inversión de EE.UU. Ante una crisis de estas dimensiones, con capacidad de contagio al conjunto del sistema financiero, las autoridades públicas olvidan rápidamente el laissez faire y acuden en ayuda de lo privado. Cuando la necesidad aprieta, los poderes públicos se convierten en valerosos defensores de las ins­tituciones privadas, con el aplau­so de éstas. En última instancia, es reconfortante ver cómo el capital confía en la intervención pública.

Por si esto fuera poco, la Reserva Federal Estadounidense, el Banco Central Europeo, el Banco de Gran Bretaña y el de Canadá han mirado hacia otro lado y han aceptado como buenos los más que dudosos paquetes de títulos que poseen los bancos y les han otorgado nuevas líneas de crédito en aras de reactivar el crédito interbancario. En Wall Street la reacción inmediata no ha sido mala, pero ha durado muy poco. No es difícil entender por qué. El anuncio de la disponibilidad a aceptar como buenos incluso títulos sin valor alguno era, al propio tiempo, indicio inconfundible de la extrema gravedad de la crisis financiera que los bancos centrales trataban de presentar desde hace muchos meses como una crisis de liquidez. Y aquí está el nudo gordiano. Para los bancos, la crisis es de confianza en el actual sistema financiero. En realidad, no tienen necesidad de un dinero que les sobra, sino de confianza en los deudores y en los demás bancos. La decisión de los bancos centrales de aceptar cualquier valor como válido no restaura la confianza. La realidad es que los bancos privados no dan por bueno lo que los bancos nacionales están digiriendo a diario.

No se puede lidiar con una crisis estructural como si fuese sólo un problema de liquidez y de hecho, los mercados están reaccionando negativamente. El problema permanece y en virtud de la desregulación neoliberal, ni los bancos centrales, ni los gobiernos disponen de más instrumentos para luchar contra la crisis. En realidad, siempre queda la posibilidad de que los gobiernos hagan intervenir al sector público comprando directamente los títulos desvalorizados en manos de los bancos privados. Es decir, que los Estados compren la deuda generada por la iniciativa privada. Aparte de que esta medida pueda parecer terriblemente injusta, pagarían justos por pecadores, si se llegase a este extremo, sería perfectamente legítima la nacionalización de la banca privada que en manos de unos gestores privados han demostrado su ineficacia.

Aleksandro Palomo Garrido (Diagonal)

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